Por último, debemos decir algo sobre la opinión que tenía
Aristóteles de la mujer. Desgraciadamente no era tan positiva
como la de Platón. Aristóteles pensaba más bien que a la mujer
le faltaba algo. Era un “hombre incompleto”. En la procreación la
mujer sería pasiva y receptora, mientras que el hombre sería el
activo y el que da. Aristóteles pensaba que un niño sólo hereda
las cualidades del hombre, y que las cualidades del propio niño
estaban contenidas en el esperma del hombre. La mujer era como
la Tierra, que no hace más que recibir y gestar la semilla,
mientras que el hombre es el que siembra. 0, dicho de una
manera genuinamente aristotélica: el hombre da la «forma» y la
mujer contribuye con la «materia».
Naturalmente, resulta sorprendente y también lamentable que un hombre tan razonable en otros asuntos se pudiera equivocar
tanto en lo que se refería a la relación entre los sexos. No
obstante, nos muestra dos cosas: en primer lugar que Aristóteles
seguramente no tuvo mucha experiencia práctica con mujeres ni
con niños. En segundo lugar muestra lo negativo que puede
resultar que los hombres hayan imperado siempre en la filosofía
y las ciencias.
Y particularmente negativo resulta el error de Aristóteles en
cuanto a su visión de la mujer, porque su visión, y no la de
Platón, llegaría a dominar durante la Edad Media.